En teoría, no hay motivo de inquietud. La firma del magnate Elon Musk protagonizó el pasado martes la espectacular hazaña de poner en órbita un descapotable Tesla con el Falcon Heavy, el cohete más potente del mundo, y recuperar sus lanzadores. En enero pasado, sin embargo, un satélite espía estadounidense bautizado como Zuma se perdió tras ser lanzado por un Falcon 9, el mismo cohete que llevará a Paz al espacio. SpaceX asegura que todo funcionó correctamente, pero no hay rastro del Zuma, valorado en mil millones de dólares. El 1 de septiembre de 2016 un Falcon 9 explotó en la rampa de lanzamiento de Cabo Cañaveral (Florida) cuando realizaba pruebas previas al lanzamiento de un satélite de comunicaciones israelí. Solo habían pasado 14 meses del anterior accidente catastrófico del Falcon 9.


